En Estados Unidos y en Europa se presenta, como mencionara, una situación de sobreendeudamiento privado y público de la que no se sale rápidamente. La respuesta de política ha generado una gigantesca “trampa de liquidez”. Los Bancos Centrales inyectan fondos y realizan todo tipo de operaciones financieras para mantener bajas las tasas de interés, alejar el fantasma de quiebras bancarias e incitar a que se vuelva a consumir e invertir, mientras consumidores e inversores se han vuelto, a la fuerza, conservadores y desconfiados, reduciendo su demanda a la mínima posible, tratando de cancelar deuda, y esperando a ver si mañana compran más barato, o de dónde les viene el “golpe” por el lado de un default, de una reforma monetaria (en el caso de una salida del euro de algunos países), de un despido, o de una mayor presión impositiva o rebaja salarial o de beneficios sociales, (en los intentos de algunos gobiernos de “ajustar” en el corto plazo, sin programas integrales para el largo). Es decir que Europa, y en menor medida Estados Unidos, enfrentan una insuficiencia de demanda privada. La respuesta “keynesiana” no está disponible. Porque la receta de los 30 era reemplazar la reticencia privada a gastar e invertir con gasto público, hasta que la máquina se pusiera a funcionar de nuevo. Pero ese gasto era financiado con emisión de deuda pública, de Estados solventes, relativamente pequeños, y con un sector privado que no quería gastar, ni invertir, pero que estaba dispuesto a comprar deuda pública a bajas tasas. Ahora, los Estados (en particular los europeos mediterráneos) son grandes monstruos con pies de barro, están más que endeudados, y nadie les quiere prestar lo que necesitan a tasas pagables. Entonces, tenemos privados reticentes a gastar y Estados que no tienen como financiar una eventual expansión de la demanda, porque no tienen fondos ahorrados, ni posibilidad de colocar deuda. La salida es que esa deuda la “compre” Alemania, disfrazada de “Europa”, o que el Banco Central Europeo se la rescate a los bancos comerciales que hoy la tienen en su cartera con riesgo de quebrar y provocando una fuerte corrida de depósitos y la parálisis de crédito, aun con muchos fondos. Pero Alemania no quiere prestar sin “ajuste” (cuando lo que debería pedir son reformas de productividad); mientras que el Banco Central Europeo tiene limitaciones regulatorias y de otra índole. Resultado, Europa está paralizada y con rumbo sinuoso hacia un “desdoblamiento cambiario”. En la Argentina, por el contrario, l http://www.perfil.com/ediciones/2012/6/edicion_688/contenidos/noticia_0021.html Enviado desde Maxthon móvil
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